Spring 2012 Hudson (Show)Room

Thomas Hoving

About the exhibition

Las instalaciones de Tony Feher se inspiran en elementos arquitectónicos existentes, para revelar nuevamente el entorno a los espectadores. La relación de sus obras de arte con el espacio en que son presentadas es inseparablemente fundamental y, en efecto, la arquitectura se vuelve parte de la exhibición. De esta forma, la sala Hudson (Show)Room y Artpace juegan papeles protagónicos en Thomas Hoving. Feher realizó dos visitas de exploración a San Antonio en preparación para su instalación, para familiarizarse él mismo con el espacio y los alrededores de la galería. Este concepto de especificidad del sitio es lo que Robert Irwin acuñó como “determinado por el sitio,” que permite que el espacio sea primordial en las decisiones del artista. Como resultado, los postes metálicos que recubren el techo, tienen una función utilitaria como estructuras colgantes para la iluminación e inspiraron tres obras de nylon trenzado. Las ventanas de la sala Hudson (Show)Room, recientemente descubiertas, que habían permanecido ocultas por paredes temporales de la galería, revelan paneles al azar de vidrio de distintas texturas, tomadas por el artista en un gesto por iluminar las ventanas con cinta azul para pintor.

En 2001, en la obra Red Room and More en el Center for Curatorial Studies, Bard College, Annandale-on-the-Hudson en Nueva York, Feher colocó cinta azul en las ventanas para capturar la luz natural; esta ha sido una característica constante en su obra desde entonces, incluida la reciente exhibición grupal Me gusta el plástico, en el Museo de Los Pintores Oaxaqueños en Oaxaca, México. Un elemento insignia de la renovación física de Artpace de Lake y Flato en 1995 fue la entremezcla de nuevos paneles de vidrio, sin eliminar los originales intactos en la antigua distribuidora de autos Hudson. Para su instalación en la sala Hudson (Show)Room, Feher seleccionó los paneles de vidrio transparente y empleó capas de cinta con tres técnicas de aplicación: cuadriculado, rejilla y estrella. El efecto es etéreo, y dirige la atención del espectador a la arquitectura, la luz que difuminan las piezas y la iluminación transformadora del espacio. La cinta sirve aquí como un significante: el material, aunque inusual como medio de un artista, atrae la atención a la estructura del edificio, las características únicas de las ventanas y el juego de luz natural en la sala. También puede verse como una extensión no intencional del toque de Lake y Flato.

Además de las piezas de las ventanas, Feher presenta tres obras hechas de fino nylon fluorescente trenzado, que se encuentra comúnmente en las ferreterías. La obra más grande, en el centro de la galería, divide en dos el espacio en un arco que se retuerce, lleno de movimiento pero de delicada forma. A la distancia, el ojo apenas puede ver la paleta. Él explota un fenómeno visual y su juego con la luz, y la obra parece vibrar y temblar, lo que da a sus arcos volumen creado por el color y el reflejo.

Un trío de botellas de plástico en racimo llenas de un líquido coloreado, una característica de Feher, penden de una única cuerda en una esquina de la galería y se mueven para capturar la luz y revelar nuevas combinaciones. La teoría elemental del color aprovecha la percepción: una botella de líquido amarillo contra una azul resultan en verde. En el espacio también pueden verse marañas voluminosas de “cuentas,” obtenidas de cortar tubos de PEX y PVC que cuelgan de postes horizontales a lo largo del techo. Las sogas cargadas de patrones de encaje de densas cuentas anaranjadas, rojas y azules representan la resolución de una lucha estética de siete años del artista. Al principio, mientras era residente en la Chinati Foundation, en 2005, se topó con una pila de tubos desechados, pero esta es la primera vez que usó el material para una exhibición. Nativo de Albuquerque, Feher está influenciado por los colores y los artefactos culturales de la región, y su apropiación de los tubos en este contexto le permite apropiarse de su historia del suroeste.

Debido a su uso de suministros simples y la atención a la forma, a menudo se hace referencia a la obra de Feher como descendiente del Minimalismo. Se apropia de materiales ubicuos para develar posibilidades proféticas en nuevos contextos y, a pesar de que instalaciones como Thomas Hoving pueden tomar semanas para construirse, su precisa colocación parece innata. El entorno dispara su intuición para encontrar el gesto exacto para un espacio. Las ventanas dejan de ser meras ventanas, los apoyos estructurales y materiales colgantes se convierten todos en parte de la obra de arte. Feher lo captura, lo presenta en una nueva luz y, en esencia, se apropia de él. “No fue hasta que dejé de intentar hacer arte que finalmente lo hice,” dice.

 

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